29.12.05
Anita, mi gran amiga, desde España, me ha hecho un regalazo: un par de turrones de Alicante, dos libros y una crema bloqueadora para Ella. ¡Ah! Y una foto suya, al extremo de la sala de su piso, como le llaman allá a los depas, abrigada por un poncho y una chalina, sonriente, orgullosa, fuerte... bien plantada, como siempre ha sido, como tiene que ser.
28.12.05

Alucinación II
La tía Flor me llama un día al celular y me dice, con sonrisita previa: ya sé cuál es tu problema y lo mejor, creéme, es que lo discutamos en persona; ven a la casa ahorita. Me cuelga y yo salgo despavorido, preguntándome si es que, su fama la antecede, ya toda la familia lo sabe. Llego a su casa y, al hacerme pasar, el gesto adusto de absolutamente todas las caras del clan familiar, incluso de quienes no he tenido aún la oportunidad de tratar al menos un par de minutos en casi 2 años de matrimonio, y el de Ella también, me recibe. La tía Flor preside.
27.12.05
Mensaje navideño para la china y la nega
Para empezar, a las dos, un inmenso beso navideño -no tenemos aquí la tradición del muérdago, pero que nos gusta besuquear, nos gusta- y un abrazo de esos desesperados, que no quieren dejar de apretar y que demora y demora y demora hasta que ya no puedes más y, lástima, hay que soltarse. Espero que hayan pasado una muy feliz nochebuena, que todo haya salido conforme se lo esperaban y que Papá Noel se haya portado a la altura. Y no es que sea importante el asunto de los regalos, pero desde pequeños se nos hace sentir que Navidad es regalos y a algunos, como yo, la niñez nunca abandona, y si no hay buenos regalos, pos la Navidad es pálida y aburrida. Por suerte -o lamentablemente- ya soy grande, y los presentes ya no me importan... tanto.
Oye Nega, ¿quién es el ¿capitán? Rebolledo? Contabas que Leo tenía que salir en una actuación interpretándolo, pero no teno la más pájara idea que quién es el tal Rebolledo. A ver si me ilustras otra vez, puesto que tu explicación geográfica ha sido excelente y ya me doy cuenta exactamente en dónde andas metida. Po cierto, me parece que en el Málaga de la segunda profesional de fútbol, juega un peruano, Juan Diego Gonzáles Vigil. Ahora debe estar aquí en Lima, pero me parece que mantiene contrato con ellos y el próximo año debe seguir por allá. Bueno, el dato no sé para qué te puede servir -por ahí, quien sabe, lo conoces, te enganchas, y... mjúmm, aunque tú no eres chibolera, ¿no?- pero ahí lo tienes. Por otro lado, me dejó algo preocupado tu comentario, chinita, acerca del poco ánimo. Tú, tan Vírgen María, tan árbol de Navidad, tan lucecitas y villancicos. Tu esfuerzo por llevar a cabo todo merece un aplauso y, no lo dudo, el éxito que espero hayas tenido. Fuerza china.
Yo la pasé, como creo que les llegué a adelantar, en casa de mis papás. Asustado no estaba, pero medio preocupadito sí. La llevaba a Eda y los recuerdos de Navidades pasadas atravesadas de estrés, discusiones bobas y tensión, me decían que algo de eso se podía repetir. Tampoco es que toooodas mis Navidades pasadas fuesen una tragedia constante, pero situaciones difíciles en reuniones de familia y etcéteras, incómodas y, a veces, dolientes, me han convertido en un pitoniso no muy acertado y huelo tensión cada vez que de reunión familiar se trata.
Pero no. Me equivoqué, felizmente. Por ahí mi viejo, repitiendo un malhumor ya crónico, supo crear un par de conatos de tragedia hablándole con amargura a mi vieja por una intrascendente demora en el segundo piso que, para mi papá, aparentemente, arruinaba el brindis que quería hacer, o cuando mi vieja quiso hacerle un cambio en el plato que él tenía servido -era un trozo de pavo que mi madre consideraba no era el indicado para su hombre- recibiendo por respuesta un pullazo que desconcertó un poco a mi esposita pero que no llegó a más. Por ahí, otro par de cosillas sucedieron, con los mismo protagonistas -oscarizables, se los puedo asegurar-, pero supongo que se las tragaron las sonrisas, las conversaciones alrededor de anécdotas divertidas y las fotos que nos hicieron reír al momento de tomarlas. Si no las puedo recordar es poque no importan. Éramos 8 gatos pero la pasamos bien, en familia -qué raro me suena-. Yo preparé puré de manzana -casi una mermelada porque se me pasó la hervidera- y mi madre hizo el tradicional pavo. Siempre le sale rico. Eda y yo picamos la ensalada -Waldorf- y la revolvimos. Hubo chocolate también. Harta tradición. Después de cenar, los regalos llegaron y no me quejo. Noel ha sido generoso con quien creo no lo merece tanto. Así fue mi nochebuena. Nos retiramos al cubil como a las 2 y algo más de la mañana. El 25 si tuve un susto de esos que asustan -vale el redoble- porque llamó mi tía Ana a casa de mi mamá -a donde justito habíamos recién regresado eda y yo- a eso de las 12 del día avisando que llevaba media hora tocando la puerta de su casa y que su hermano Jorge, mi tío también obviamente, no le abría. Palteados, tomamos un taxi y nos apersonamos a la escena del crímen para comprobar si había lo que temíamos. Y no hubo, pes. Llegando nosotros le abrían la puerta a mi tía quien, en un arrebato fruto del trauma, reventó en llanto y grito y etc, etc. De ahí, vasito de agua de por medio, nos fuimos donde mis suegros a almorzar y seguir disfrutando la Navidad. Todo a partir de ahí fue tranqui. Terminamos como a las 8 p.m., agotados. En casa, nos vimos 1 hora de LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS, que saqué de Blockbuster porque era una edición nueva en dvd y a eda le había picado la curiosidad -ya la había visto yo hace años-, porque Eda se quedó dormida y yo no iba a seguir viendo algo que ya vi sin que la vea quien no la vio. Después de ver deportes, me quedé doormiiiiiiddoooooooooooo, como reza el vals.
Así fue pes. Y ustedes, ¿qué tal lo pasaron? Besos.
edu.
Oye Nega, ¿quién es el ¿capitán? Rebolledo? Contabas que Leo tenía que salir en una actuación interpretándolo, pero no teno la más pájara idea que quién es el tal Rebolledo. A ver si me ilustras otra vez, puesto que tu explicación geográfica ha sido excelente y ya me doy cuenta exactamente en dónde andas metida. Po cierto, me parece que en el Málaga de la segunda profesional de fútbol, juega un peruano, Juan Diego Gonzáles Vigil. Ahora debe estar aquí en Lima, pero me parece que mantiene contrato con ellos y el próximo año debe seguir por allá. Bueno, el dato no sé para qué te puede servir -por ahí, quien sabe, lo conoces, te enganchas, y... mjúmm, aunque tú no eres chibolera, ¿no?- pero ahí lo tienes. Por otro lado, me dejó algo preocupado tu comentario, chinita, acerca del poco ánimo. Tú, tan Vírgen María, tan árbol de Navidad, tan lucecitas y villancicos. Tu esfuerzo por llevar a cabo todo merece un aplauso y, no lo dudo, el éxito que espero hayas tenido. Fuerza china.
Yo la pasé, como creo que les llegué a adelantar, en casa de mis papás. Asustado no estaba, pero medio preocupadito sí. La llevaba a Eda y los recuerdos de Navidades pasadas atravesadas de estrés, discusiones bobas y tensión, me decían que algo de eso se podía repetir. Tampoco es que toooodas mis Navidades pasadas fuesen una tragedia constante, pero situaciones difíciles en reuniones de familia y etcéteras, incómodas y, a veces, dolientes, me han convertido en un pitoniso no muy acertado y huelo tensión cada vez que de reunión familiar se trata.
Pero no. Me equivoqué, felizmente. Por ahí mi viejo, repitiendo un malhumor ya crónico, supo crear un par de conatos de tragedia hablándole con amargura a mi vieja por una intrascendente demora en el segundo piso que, para mi papá, aparentemente, arruinaba el brindis que quería hacer, o cuando mi vieja quiso hacerle un cambio en el plato que él tenía servido -era un trozo de pavo que mi madre consideraba no era el indicado para su hombre- recibiendo por respuesta un pullazo que desconcertó un poco a mi esposita pero que no llegó a más. Por ahí, otro par de cosillas sucedieron, con los mismo protagonistas -oscarizables, se los puedo asegurar-, pero supongo que se las tragaron las sonrisas, las conversaciones alrededor de anécdotas divertidas y las fotos que nos hicieron reír al momento de tomarlas. Si no las puedo recordar es poque no importan. Éramos 8 gatos pero la pasamos bien, en familia -qué raro me suena-. Yo preparé puré de manzana -casi una mermelada porque se me pasó la hervidera- y mi madre hizo el tradicional pavo. Siempre le sale rico. Eda y yo picamos la ensalada -Waldorf- y la revolvimos. Hubo chocolate también. Harta tradición. Después de cenar, los regalos llegaron y no me quejo. Noel ha sido generoso con quien creo no lo merece tanto. Así fue mi nochebuena. Nos retiramos al cubil como a las 2 y algo más de la mañana. El 25 si tuve un susto de esos que asustan -vale el redoble- porque llamó mi tía Ana a casa de mi mamá -a donde justito habíamos recién regresado eda y yo- a eso de las 12 del día avisando que llevaba media hora tocando la puerta de su casa y que su hermano Jorge, mi tío también obviamente, no le abría. Palteados, tomamos un taxi y nos apersonamos a la escena del crímen para comprobar si había lo que temíamos. Y no hubo, pes. Llegando nosotros le abrían la puerta a mi tía quien, en un arrebato fruto del trauma, reventó en llanto y grito y etc, etc. De ahí, vasito de agua de por medio, nos fuimos donde mis suegros a almorzar y seguir disfrutando la Navidad. Todo a partir de ahí fue tranqui. Terminamos como a las 8 p.m., agotados. En casa, nos vimos 1 hora de LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS, que saqué de Blockbuster porque era una edición nueva en dvd y a eda le había picado la curiosidad -ya la había visto yo hace años-, porque Eda se quedó dormida y yo no iba a seguir viendo algo que ya vi sin que la vea quien no la vio. Después de ver deportes, me quedé doormiiiiiiddoooooooooooo, como reza el vals.
Así fue pes. Y ustedes, ¿qué tal lo pasaron? Besos.
edu.
21.12.05
Alucinación
Estoy en la computadora, escribiendo o leyendo algo, y de pronto, desde la puerta del estudio, surge alguien que no llego a distinguir quién es, con un palo o algo parecido entre las manos, y me lanza un potente golpe en la cabeza, y salpica la pantalla. Es como patear un charco de agua a mitad de la vereda, como apretar la boca de una manguera y rociar el jardín. Así, pero en rojo.
20.12.05
Edipo en el futuro

19.12.05
¿Paz?
¿Se puede hablar de Navidad cuando todo se transforma en un laberinto? Ayer domingo fui con Ella a Metro de La Marina para hacer nuestras compras habituales y era insoportable la cantidad de personas que trataban de hacer lo mismo que nosotros. Unos coches contra otros, empujones desesperados para llegar primero a las enormes colas en caja. Calor intenso. Un pedo ajeno flotando y de efecto residual. Eso de que es tiempo de paz es puro floro. Antes de nuestra experiencia en Metro, nos fuimos en búsqueda de los regalos al mercado de Magdalena. Nuestro presupuesto era exiguo y no nos excedimos, pero a mí me quedó una estela de frustración al no poder escoger regalos que reflejaran lo que siento por quienes los van a recibir, regalos que dieran en el blanco con sus respectivos gustos, que pudiera leerse en ellos "es exactamente lo que él querría". No pues, creo que ninguno logra eso, principalmente por el ya mencionado presupuesto. ¿Y es que eso es lo que finalmente importa en Navidad? No, pero ya nos acostumbramos a que éste es un tiempo de regalar, y regalar bien. Sé que si mis seres queridos no reciben nada de mi parte en esta Navidad igual me van a seguir queriendo, pero aún así se convierte en algo que no está bien, mal visto, de poca educación o llámenlo como quieran. En fin, ya los regalos están. Mejor no hacerse más paltas.
16.12.05
De colores
Así ha quedado el depa. Por acción de ella, para variar, nuestro dormitorio y el cuarto que usamos de estudio tienen ahora nuevo look. Los tonos están entre el rojo bandera y el salmón, así que no hay mucha variedad pero sí novedad. Ella. Si no fuera por Ella andaría rodeado de paredes manchadas de hongos y mi vida sería triste, no sólo por mi cabeza agusanada. La monocromía no la asusta -a mí no me disgusta- y eso me encanta, aunque a veces la joda. Pronto, espero colgar un par de fotos del resultado, aunque no habrá con qué compararlas, a menos que... no, no conseguí nada parecido en Google.
14.12.05
12:32 p.m.
Ayer tenía el alma enferma.
O quizás la tenía despegada,
pero mi temperatura no era la promedio
y un halo soporífero me acompañaba a donde iba.
¿La idea de la muerte rondándome otra vez?
¿O sólo el resultado de pocas horas de sueño,
o de una discusión inacabada?
¿O es quizás el smog y las horas exageradas de televisión?
No quisiera incluir en las culpas al sol, tan extrañado.
Ahora sale todos los días, y hace sus 8 horas con sobretiempo.
Y nadie le paga.
Y él no se queja.
Yo sí.
Me quejo de las angustias, de los dolores de cabeza.
De los músculos tensos y de las censuras.
Me quejo.
Lo bueno es que hoy ya no me siento como ayer.
Ahora tengo dos cojines en vez de uno
y todo es más suave.
Ojalá dure.
O quizás la tenía despegada,
pero mi temperatura no era la promedio
y un halo soporífero me acompañaba a donde iba.
¿La idea de la muerte rondándome otra vez?
¿O sólo el resultado de pocas horas de sueño,
o de una discusión inacabada?
¿O es quizás el smog y las horas exageradas de televisión?
No quisiera incluir en las culpas al sol, tan extrañado.
Ahora sale todos los días, y hace sus 8 horas con sobretiempo.
Y nadie le paga.
Y él no se queja.
Yo sí.
Me quejo de las angustias, de los dolores de cabeza.
De los músculos tensos y de las censuras.
Me quejo.
Lo bueno es que hoy ya no me siento como ayer.
Ahora tengo dos cojines en vez de uno
y todo es más suave.
Ojalá dure.
12.12.05
Le divorce

Divorcio a la francesa me parece una comedia romántica diferente. No es melosa y abandona los clicés acostumbrados por Hollywood. Los momentos dramáticos se resuelven sin cargar las tintas y, si te dejas atrapar por la trama, caes en una deliciosa sensación de relajo. Y es que la acción, los mismos personajes, sobretodo los que conforman la familia de Kate Hudson y Naomi Watts, hermanas en la ficción, viven sin muchas complicaciones y superando con personalidad los inconvenientes, incluso el intento de suicidio del personaje de Naomi Watts, una poeta obsesionada con el esposo que la abandona por otra. La Watts, ahora una estrella gracias a la todavía estrenada King Kong, está bellísima, y sólo la supera Kate Hudson, en uno de esos papeles hechos a medida, donde a punta de carisma y espontaneidad rebasa los límites de la pantalla, encandilando hasta la hipnosis. Esa sensación de relajo deja fluir la trama en forma efectiva, hasta el desenlace final, un tanto desatado con Mathew Modine -sobreactuado y poco convincente- amenazando a parte de los personajes en lo más alto de la Torre Eiffel, pero que cierra bien el juego de pasiones que expone la película.
Ojo que mis opiniones sobre películas no tienen el sustento de un profesional del cine, o el de un crítico experimentado. Es sólo el efecto que logran en mí lo que yo trato de plasmar en estos posts. Por eso digo que Divorcio a la francesa me pareció una buena película.
SÁBADO
Abrió el día con sol. Espléndido, demostró que sus rayos lo pueden atravesar todo. Uno de ellos dibujaba una línea gruesa y brillante en la puerta del ropero. Hagamos como que no lo hemos visto entrar aún, le dije a ella, para ver si se va. Vano intento. No se movió. Intentar reconciliarse con el sueño nos dio vergüenza. Él estaba ahí, mirándonos, acusándonos. Ella se levantó y, luego de algunos ejercicios, se metió a la ducha. Yo fui a la cocina a prepararle el desayuno.
Después de que ella salió a trabajar, yo me reencontré con la escoba, el recogedor y, oh gran compañero, el polvo acumulado de varios días. Lo hice “polvo”. El encuentro demoró algunas horas, ya que me valí no sólo de la escoba, sino de mi colección de trapos -ex polos, sábanas y medias- para recorrer la mesa del comedor, sillas y las ventanas. Como esperábamos una visita, el almuerzo había sido preparado la noche anterior. Ají de gallina a la “ella”. Pero faltaba aún sancochar papas, huevos y preparar el arroz. De eso me encargué mientras desenterraba la casa. Además, y como para amenizar, me bajé algunas canciones.
A la 1 p.m. ya estaba bañado y cambiado, con todo listo para servir y esperándola con alevosía y premeditación. Miraba T.V. Vi el primer trailer de X Men 3, que imagino en cartelera aún dentro de varios meses, y que me ha dejado ansioso. Después, mucho después, ella llegó. Andaba atemorizado de que la invitada, una amiga suya, llegara antes. ¿De qué le iba a hablar? No tenía tema, no tenía ganas de afrontar una charla de antesala. Pero no apareció hasta una hora después. No comimos, por lo tanto, hasta que ella estuvo, con la protesta escandalizada de nuestros estómagos que, a través de los ombligos, olfateaban rabiosos el ají de gallina. Cuando la invitada llegó, yo ya había empezado.
¿Y para qué llegaba? Ella quería su ayuda profesional –la amiga es arquitecta- ya que se iba para Villa El Salvador tras el mueble perfecto que necesita el estudio –mini estudio-. Y como a mí perseguir muebles no me gusta, seamos claros, me busqué otro destino: la Feria del Libro Ricardo Palma en Miraflores. Fui con 50 soles en el bolsillo, de los que podía gastar hasta 40. Demoré dos horas en hacerme una lista de alternativas, todas de acuerdo al precio que podía pagar: Sueños Digitales de Edmundo Paz Soldán, a 40 soles; Pastoral Americana de Philip Roth, en una edición a 25 soles nada más; ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? y Catedral, ambas de Raymond Carver, a un promedio de 35 soles; y la que al final me llevé, La Hora Azul de Alonso Cueto, novela que ganó recién el premio Herralde, a 32 soles. No es que me arrepienta, porque aún no he leído la novela y, además, sigo a Cueto hace tiempo, pero creo que debí llevarme Pastoral Americana.
Cerramos el día con pizza. Una Súper Suprema grande en una oferta que incluía una Pepsi de litro, sólo delivery. Mientras ella decoraba el árbol de navidad, que yo armé a mitad de semana, me dediqué a leer el periódico y ver televisión. Terminó pasada la medianoche. Yo, algunos minutos después.
Después de que ella salió a trabajar, yo me reencontré con la escoba, el recogedor y, oh gran compañero, el polvo acumulado de varios días. Lo hice “polvo”. El encuentro demoró algunas horas, ya que me valí no sólo de la escoba, sino de mi colección de trapos -ex polos, sábanas y medias- para recorrer la mesa del comedor, sillas y las ventanas. Como esperábamos una visita, el almuerzo había sido preparado la noche anterior. Ají de gallina a la “ella”. Pero faltaba aún sancochar papas, huevos y preparar el arroz. De eso me encargué mientras desenterraba la casa. Además, y como para amenizar, me bajé algunas canciones.
A la 1 p.m. ya estaba bañado y cambiado, con todo listo para servir y esperándola con alevosía y premeditación. Miraba T.V. Vi el primer trailer de X Men 3, que imagino en cartelera aún dentro de varios meses, y que me ha dejado ansioso. Después, mucho después, ella llegó. Andaba atemorizado de que la invitada, una amiga suya, llegara antes. ¿De qué le iba a hablar? No tenía tema, no tenía ganas de afrontar una charla de antesala. Pero no apareció hasta una hora después. No comimos, por lo tanto, hasta que ella estuvo, con la protesta escandalizada de nuestros estómagos que, a través de los ombligos, olfateaban rabiosos el ají de gallina. Cuando la invitada llegó, yo ya había empezado.
¿Y para qué llegaba? Ella quería su ayuda profesional –la amiga es arquitecta- ya que se iba para Villa El Salvador tras el mueble perfecto que necesita el estudio –mini estudio-. Y como a mí perseguir muebles no me gusta, seamos claros, me busqué otro destino: la Feria del Libro Ricardo Palma en Miraflores. Fui con 50 soles en el bolsillo, de los que podía gastar hasta 40. Demoré dos horas en hacerme una lista de alternativas, todas de acuerdo al precio que podía pagar: Sueños Digitales de Edmundo Paz Soldán, a 40 soles; Pastoral Americana de Philip Roth, en una edición a 25 soles nada más; ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? y Catedral, ambas de Raymond Carver, a un promedio de 35 soles; y la que al final me llevé, La Hora Azul de Alonso Cueto, novela que ganó recién el premio Herralde, a 32 soles. No es que me arrepienta, porque aún no he leído la novela y, además, sigo a Cueto hace tiempo, pero creo que debí llevarme Pastoral Americana.
Cerramos el día con pizza. Una Súper Suprema grande en una oferta que incluía una Pepsi de litro, sólo delivery. Mientras ella decoraba el árbol de navidad, que yo armé a mitad de semana, me dediqué a leer el periódico y ver televisión. Terminó pasada la medianoche. Yo, algunos minutos después.
6.12.05
LA FÉMINA
Descubrí en sus ojos aterrorizados que yo había dedicado demasiado tiempo e imaginación a un fantasma.
Yo me estremecía al contacto con sus labios y cuando maniataba mis brazos en nuestros juegos de cama.
Ahora suplica a mis pies, desparramado en el suelo, tratando a ratos de sostenerse sobre sus rodillas. Un fantasma.
Yo era adolescente, una niña propensa a creer. Él era una fábrica de sonrisas, una ciudad repleta de oportunidades, una promesa garantizada. Y desapareció, con mi televisor y mis pocos ahorros.
Qué paradoja saber de él por el trabajo. Es más, que él sea mi trabajo esta vez. Desde que vi su nombre en la lista, el escalofrío fue un relámpago, fue abrasivo, se instaló en mis poros. Esa sensación exigía apresurar el reencuentro.
No he venido por el pasado, le dije empuñando mi arma directo a su cabeza sin titubear. Toda su postura, el magnetismo de su mirada, la cadena de oro decorando su cuello, todo él se convirtió en una masa gelatinosa, la mierda que piso cada vez que tengo que hacer mi trabajo.
Aburrida de sus explicaciones, indescifrables por el baño de lágrimas, decidí liberarlo de su repugnancia. ¿Es ético que una profesional se deje llevar por el disfrute? Solté una sonrisa y jalé el gatillo.
Yo me estremecía al contacto con sus labios y cuando maniataba mis brazos en nuestros juegos de cama.
Ahora suplica a mis pies, desparramado en el suelo, tratando a ratos de sostenerse sobre sus rodillas. Un fantasma.
Yo era adolescente, una niña propensa a creer. Él era una fábrica de sonrisas, una ciudad repleta de oportunidades, una promesa garantizada. Y desapareció, con mi televisor y mis pocos ahorros.
Qué paradoja saber de él por el trabajo. Es más, que él sea mi trabajo esta vez. Desde que vi su nombre en la lista, el escalofrío fue un relámpago, fue abrasivo, se instaló en mis poros. Esa sensación exigía apresurar el reencuentro.
No he venido por el pasado, le dije empuñando mi arma directo a su cabeza sin titubear. Toda su postura, el magnetismo de su mirada, la cadena de oro decorando su cuello, todo él se convirtió en una masa gelatinosa, la mierda que piso cada vez que tengo que hacer mi trabajo.
Aburrida de sus explicaciones, indescifrables por el baño de lágrimas, decidí liberarlo de su repugnancia. ¿Es ético que una profesional se deje llevar por el disfrute? Solté una sonrisa y jalé el gatillo.
2.12.05
Romeo y Julieta entran a la cancha

La pierna
Ya quisiera que mis piernas fueran así.
Hace ya muchos días -quizás son meses pero no los he contado- que me duele la pierna izquierda. Pero, veamos, no es exactamente un dolor. Porque la palabra dolor tiene una carga poderosa, de enfermedad, de gravedad, y no es tanto así. Es, más bien, una sensación de agarrotamiento sin serlo del todo. Como un calambre a punto de estallar. A partir de mi nalga, todo lo que es músculo se endurece, se hace notar en mi sistema, y está ahí fastidiando, hincando, apretando. Así, el resto de mi pierna se resiente. La pantorrilla hinca también, pero toda la sensación se concentra en el muslo. No aguanto mucho tiempo sentado ya que es como tener una piedra en el lado izquierdo. Tengo que cambiar de posición constantemente, originando un nuevo fastidio, pero esta vez en mi columna. Lo curioso es que, cuando hago fulbito, cuando camino, cuando estoy en ejercicio, no hay problema. La pierna me responde bien, es una seda.
Estuve, pues, pensando si será una señal, un síntoma, de algo más grande, de algo peor. No me atrevo a buscar en Google información al respecto, menos aún ir a un médico. Seguro es nada, pero no puedo evitar reaccionar con temor. No quisiera enterarme de que, pronto, estaría perdiendo la pierna irremediablemente. Quizás se trate de una manifestación de mi tensión nerviosa. Supongo que ando tenso. Bueno, no supongo, ando un poco tenso -ay, la vida- pero no estoy seguro de si mi pierna esté pagando pato por ello. Por lo pronto, quisiera un buen masaje en esa zona, en toda la espalda, todo mi cuerpo... quisiera.

Hace ya muchos días -quizás son meses pero no los he contado- que me duele la pierna izquierda. Pero, veamos, no es exactamente un dolor. Porque la palabra dolor tiene una carga poderosa, de enfermedad, de gravedad, y no es tanto así. Es, más bien, una sensación de agarrotamiento sin serlo del todo. Como un calambre a punto de estallar. A partir de mi nalga, todo lo que es músculo se endurece, se hace notar en mi sistema, y está ahí fastidiando, hincando, apretando. Así, el resto de mi pierna se resiente. La pantorrilla hinca también, pero toda la sensación se concentra en el muslo. No aguanto mucho tiempo sentado ya que es como tener una piedra en el lado izquierdo. Tengo que cambiar de posición constantemente, originando un nuevo fastidio, pero esta vez en mi columna. Lo curioso es que, cuando hago fulbito, cuando camino, cuando estoy en ejercicio, no hay problema. La pierna me responde bien, es una seda.
Estuve, pues, pensando si será una señal, un síntoma, de algo más grande, de algo peor. No me atrevo a buscar en Google información al respecto, menos aún ir a un médico. Seguro es nada, pero no puedo evitar reaccionar con temor. No quisiera enterarme de que, pronto, estaría perdiendo la pierna irremediablemente. Quizás se trate de una manifestación de mi tensión nerviosa. Supongo que ando tenso. Bueno, no supongo, ando un poco tenso -ay, la vida- pero no estoy seguro de si mi pierna esté pagando pato por ello. Por lo pronto, quisiera un buen masaje en esa zona, en toda la espalda, todo mi cuerpo... quisiera.